| Mi Municipio |
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| sábado, 22 de agosto de 2009 | |||||||
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Tras la quiebra de la producción azucarera, la economía del valle vio minorado entonces su principal factor de desarrollo, y la colonización europea perdió impulso. Y es que la ruina de la producción azucarera isleña fue debido a la competencia brasileña y antillana a partir de 1550. Entonces las tierras de regadío comenzaron a plantarse con mayor intensidad de millo (presente desde los primeros años del siglo XV), papas, hortalizas, etc. lo que se alternaba con las sementeras, al tiempo que la explotación forestal y la labor ganadera extensiva constituían parte de la actividad de la zona, cuya riqueza se exportaba, casi toda, hacia Tenerife. Los primeros moradores que decidieron unir su destino a este lejano territorio formaron el pequeño y disperso caserío de «la aldea de Niculas», ubicado al fondo del valle, lejos de una costa bajo la constante amenaza pirática, que en sus aguadas utilizaba la abandonada ermita mallorquina de San Nicolás como alojamiento, por lo que el obispo Hernando de Rueda ordenó, el 7 de octubre de 1582, tapiarla y trasladarla con otra construcción al fondo del valle, cerca del primigenio caserío, El Barrio. De todas formas la colonización fue muy lenta. El pueblo se vino a configurar como tal entre finales del siglo XVII y principios del XVIII, cuando la familia del regidor de Tenerife, Tomás Grimón, ya se había conformado por diversas compras un gran espacio de tierra fértil con lomas y hoyas anexas, comprendida entre el barranco principal y la cordillera Sur. Estos derechos pasaron por herencia a un nieto de aquel regidor, Tomás de Nava y Grimón, primer marqués de Villanueva del Prado, quien tras vencer en el primer pleito por la posesión de estas tierras planteado por el Cabildo y primeros colonos (1645), vincula esta propiedad al mayorazgo de su familia (1667). Este noble había venido promocionado roturaciones de nuevas parcelas, cedidas luego al partido de medias perpetuas, generando una atracción de colonos, entre 1650 y 1670. El proceso que conducirá a la configuración de entidad propia de La Aldea continúa a lo largo del siglo XVIII. El motor del mismo no ofrece duda alguna: el creciente papel de los granos de La Aldea en el mercado interinsular sobre todo hacia las zonas vitícolas. En concreto desde la playa situada en la desembocadura del valle y el cercano puerto natural de El Perchel se embarcaba casi todo el excedente de cereales hacia Tenerife. |
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